La entrevista publicada en Otrolunes y realizada por el escritor Ladislao Aguado.
Su última novela publicada es Voyeurs, en 2003. Barcos que se cruzan en la noche aparece en 2011. ¿Qué sucedió entre medias?
Lo más significativo es que tuve que ganarme la vida. Hice una carrera profesional como editor jefe de varias revistas, algunas de reconocimiento como National Geographic, o Reader’s Digest, donde también dirigí el departamento de libros. En el poco tiempo y energía intelectual que me quedaba escribía novelas a las cuales tampoco pude entregarme mucho y no me convencieron del todo. Pude publicar mi cuarta novela también con Alfaguara México, pero no me pareció una opción después de mi experiencia con Voyeurs. Cuando finalmente pude decirle adiós al mundo corporativo, ya tenía la idea de Barcos que se cruzan en la noche (y de toda la trilogía). La escribí entre 2008 y 2009 y en el 2010 la envié a dos o tres concursos y editoriales. Anagrama y Tusquets, que eran las de mayor interés para mí, me enviaron sus negativas de cajón, sin mayores explicaciones, probablemente nunca la leyeron, pero eso tampoco es importante ahora. O lo es, pero en otro sentido: contribuyó a consolidar la idea de crear mi propio sello editorial y publicar mi obra de manera independiente, algo a lo que ya me empujaba mi larga experiencia de trabajo en el medio editorial.
Hablemos de Barcos que se cruzan en la noche.
Barcos se desarrolla en una Isla Grande cuyo referente no puede ser otro que Cuba. La historia tiene que ver con la pérdida de la inocencia de Adrián Niebla y la desintegración de su entorno, pero va más allá y convoca el sentimiento de pérdida y desarraigo de toda una generación y hasta de una nación. Mi trilogía está en deuda con Agota Kristof y su Claus y Lucas, sobre todo por Le Grand Cahier; su lectura iluminó ciertos espacios necesarios, una manera de contar. Lo señalo porque como escritor agradezco encontrarme con esos maestros, descubrirlos. Sería una lástima que un día le dieran un premio Nobel o algo así y pasara a ser una escritora pública.
Hablemos de la Trilogía de la Isla Grande.
Tres hermanos, tres novelas. La segunda, Kali la Oscura, está bastante avanzada y debe salir publicada en diciembre de 2012. En los próximos meses publicaré un avance en mi blog www.andresjorge.com. La tercera entrega también es un proyecto ya concretado, que tengo muy claro aunque no haya escrito nada aún. No son continuación una de otra; hay vínculos entre las tres novelas, por supuesto, pero cuentan historias y experiencias de vida muy diferentes.
¿Por qué ha elegido un sello independiente, propio, para publicar sus nuevos libros?
Esta decisión parte de un fundamento económico, una base tecnológica, y la convicción de que mis libros merecen encontrarse con su lector y soy yo también quien debe hacer que eso suceda, ningún editor lo hará; de hecho ya no existen los editores literarios, o son muy pocos y viven asediados o están quebrados. Publiqué mis tres primeras novelas con Planeta y Alfaguara, incluso gané un premio a primera novela, pero eso fue hace tiempo y no fue la mejor experiencia; las grandes editoriales ya no tienen interés en el tipo de escritor que soy, ni yo en ellas. Y son un robo. Pagarle el diez por ciento a un escritor por su obra es bastante miserable, pero uno debe entender que la editorial asume el riesgo financiero por la producción y distribución de tu obra, y tiene que pagarle a un ejército de empleados para mantenerse funcionando, eso no le deja mucho espacio de maniobra. Si aplicamos la ley de Pareto, el 20 por ciento de sus autores y/o libros, generan el 80 por ciento de las ventas de una editorial (casi nunca obras literarias de peso, sino culebrones). Y viceversa; el ochenta por ciento de los autores generan el 20 por ciento restante y son más bien un lastre para los grandes sellos editoriales y sus libros son huérfanos en las librerías; sin nadie que los defienda, duran una semana en la contienda por los espacios de exhibición. No sólo ha costado un huevo que la editorial te publique, te va a costar más que el librero lo mantenga en exhibición una semana, y el resto del proceso ya lo sabemos. No vendiste, eres persona non grata, sigues en la sentina o desapareces de nuestro catálogo. Hasta los lectores te reclaman. No sé cuántas veces escuché la pregunta ¿Y dónde se pueden comprar tus libros? Y tuve que dar una larguísima explicación para no decir: en ninguna parte, no los vas a encontrar, no existen porque se los entregué a una editorial y ahora están arrumbados entre meados de ratones en algún almacén. ¿No sería mejor y más digno que tu libro estuviera quizá en una sola librería de Madrid o de México D.F., pero que tú pudieras decirle a tu lector: vete allí, tendrás mi libro?
¿Qué es la Costra Nossa?
En estos momentos no es nada. La Costra Nossa soy yo y dos autores que nos ponemos a debatir y soñar un mundo con más escritores independientes. El día que unos cuantos buenos escritores empiecen a trabajar en la producción, promoción y distribución de sus propios libros, y el movimiento “indie” tome fuerza en la lengua española, pueden suceder cosas muy interesantes. Puede haber escritores independientes de un lado y otro del Atlántico, que colaboren con los demás del gremio. Si yo tengo unos cuantos pares en Argentina y España, por ejemplo, tengo la garantía de que harán por mis libros lo que yo pueda hacer por los suyos en México, y habrá puestos de exhibición de escritores independientes en las ferias del libro y hasta un premio al mejor libro independiente del año, a obra publicada, por supuesto, porque un escritor independiente solo lo es cuando ha publicado su obra de manera independiente. Habrá de nuevo libreros independientes y librerías y el público sabrá dónde encontrarlas. Es solo un comienzo, un sueño, pero lo que para mí es ya una realidad es que solo los escritores pueden defender la literatura hoy como una forma legítima de arte, nadie más puede hacerlo, las pequeñas editoriales emergentes no pueden hacer mucho (aunque no las descarto como socios potenciales) y a los sellos editoriales establecidos no les interesa, sino todo lo contrario, conforman su catálogo con base en el valor comercial de corto plazo de la obra, que generalmente es inversamente proporcional a su valor literario. Pero en unos años, me atrevo a pronosticar, La Costra Nossa será mucho más que un sueño, ya veremos.
¿Cómo entiende la nueva relación entre el escritor y los lectores?
No creo que haya mucho de nuevo por ahora. El lector se relaciona generalmente con la obra, no con el escritor. Cuando reconoce a un autor y lo sigue, es porque leyó por lo menos una obra suya que lo estremeció y ese será su punto de referencia. En cualquier caso, habrá una relación diferente del escritor independiente con sus lectores en el sentido de que el autor tendrá que salir a buscarlos y hacerles saber, con total humildad: mira aquí está mi obra, es buena, cómprala. Algo difícil ¿no?, los escritores no se conciben a sí mismos de esa manera en relación con su obra y menos con el lector. No fue así antes, para eso estaban los intermediarios. Y ahora, de lo que se trata es de eliminar a los intermediarios, esa es la esencia del movimiento independiente, o indie en todas las artes. Así empezó en la música, artistas de prestigio mandaron a sus disqueras a la mierda, promocionaron sus discos en la red, y salieron a dar conciertos, a trabajar, le era del videoclip los había aflojado.
¿Cómo imagina el oficio del escritor entrado el siglo XXI?
Estoy convencido de que el siglo XXI, contrario a todas las predicciones del momento, será un siglo literario. El escritor tiene como nunca la posibilidad de encontrar a los lectores para su obra y mantenerlos en su órbita. Lo que sí tengo claro, y con ello retomo lo que dije arriba, es que la era digital no favorece a los intermediarios. Uno puede hacer todo, está el POD (impresión sobre pedido), Amazon, Youtube y las redes sociales. Pero hay que trabajar, y mucho, muchísimo. Si te vas por la vía independiente, debes saber que trabajarás de madrugada en tu nuevo libro, en la mañana en editar y publicar el que está en camino y en la tarde y la noche en promover y distribuir los que ya vieron la luz. Nadie ha dicho que sea fácil, pero es la vía, nadie lo va a hacer por ti. Si tus libros tienen éxito, vas a tener detrás un ejército de agentes literarios y otras formas de vida parasitaria interesados en promoverte y hacerse con una tajada. Ahora es al revés, los escritores viven mendigando atención de las editoriales, de los agentes literarios o de cualquiera que se deje. En vez de gimotear, ponte a trabajar, conviértete en un profesional, en un empresario. Si tanto amas la literatura, dignifícala con tu trabajo, que no te avergüence salir a vender tu pan. Es duro, pero cualquier empresario podría decirte cómo empezó, y ningún negocio que valga la pena deja de serlo al principio, y sólo crecen los que se mantienen el tiempo suficiente en la pelea. No es diferente con la escritura. Los libros que nos gustan se escribieron hace veinte o treinta o cien años. ¿Qué tal que de aquí a treinta años tú como autor sepas en manos de quién está la última copia vendida de tu libro y, sobre todo, que cobres por ello?
¿Cuál, según usted, podría ser el futuro del mundo editorial?
Uno muy interesante y diverso. Y seguramente más nivelado, con una relación más directa y fluida entre el escritor y sus lectores. Los editores son los primeros que han cantado la muerte de la novela desde hace años. Yo creo que el género está más sano que nunca ahora que hay muchas más formas de leer. En el medio en el que todavía trabajo (no me queda más remedio) se habló de la muerte del periodismo cuando en realidad se estaba hablando de la muerte del periódico impreso. Es indiscutible que las nuevas generaciones van a prescindir de esos artilugios como los escritores dejamos atrás la máquina de escribir hace años. Y los modelos de negocios cambiarán. De algo estoy seguro: los sellos editoriales dejarán de tener protagonismo, que le será devuelto al escritor, donde debió siempre estar. La hegemonía de los grandes sellos editoriales es lo que está matando la literatura y el peso que los grandes escritores y obras literarias tuvieron en siglos anteriores. El Quijote estaría ahora esperando dictamen de un agente literario y ni siquiera habría llegado a una editorial, mucho menos a una librería.
¿Cuán importante es la tecnología y su dominio por parte del lector en el nuevo diseño del mercado editorial?
Hay ya un nuevo tipo de lector. El mismo día que anuncié que Barcos que se cruzan en la noche estaba ya en Amazon, lo bajaron tres lectores, amigos por supuesto, que estaban esperando que eso sucediera, dos a su Kindle, una a su Iphone. Muy conveniente para ellos, porque lo pueden hacer al instante y desde donde estén, a menor precio. Y muy conveniente para Amazon, cuyo producto estrella hoy es el Kindle propiamente y a quienes le cuesta muy poco, casi nada, distribuir tu ebook porque el trabajo para que eso suceda lo hace el escritor, ellos solo brindan el espacio y el soporte de distribución. El lector, a veces tendrá que saber bajar alguna aplicación y demás, pero para los nativos digitales ya ese no es problema, es la manera en que viven, trabajan, se relacionan y leen. Amo los libros, no he renunciado a ellos, por supuesto, pero como autor considero una bendición que existan el Kindle, el Ipad, la Mac, la PC, el Ipod touch o cual sea el dispositivo en el que un lector quiera leer mi obra en la forma de un ebook. Las cifras no son aún significativas, pero a dos semanas de publicar la novela en Amazon y Amazon Kindle, la compra del ebook triplica a la del libro impreso. Eso no es futurismo, es una realidad ya.
¿También para el lector hispanohablante según las realidades económicas de América Latina y ahora mismo de España?
El mundo se mueve en esa dirección. Más tarde o más temprano, también América Latina y España irán hacia allá, y yo diría que más temprano que tarde, sin reposo, se abrirán las grandes alamedas…
¿Cree que el lector convencional se adaptaría a tantos cambios, o funcionaría como una especie de tanque de oxígeno al mundo editorial tal y cómo lo entendemos hoy?
Si los cambios son para mejorar, la gente por supuesto se adapta. Nadie usa hoy la máquina de escribir ¿o si? Quizá haya algún dinosaurio por ahí. Lo que me parece increíble es que haya quienes lo duden, que la gente tenga una visión tan de corto plazo. Precisamente el mal de nuestro tiempo es ése: el bestseller se impone al longseller en presencia en las librerías. Eugenio Sue en su tiempo fue un bestseller, Borges nunca lo fue. Pero los libros de Borges hoy se siguen vendiendo en todo el mundo de habla hispana. El escritor tiene que apostar por la visión de largo plazo, porque a la inmensa mayoría de las grandes obras literarias les costó mucho emerger y ser reconocidas como tales.
¿Y los escritores? ¿No serían ellos, acostumbrados a ceder sus libros a las editoriales para que los representen, quienes también podrían o bien abogar por el modelo existente o construir otro, sin dudas nuevo, pero en el que se repetiría esta relación entre el autor como representado y una editorial o editor como representante?
Habrá de todo, precisamente habrá de todo. Y en ese gran todo, el modelo del escritor independiente quizá sea uno más. Yo recomiendo leer el artículo sobre la larga cola de Chris Anderson en Wired, o identificar la ley de Pareto misma e informarse sobre los cambios estructurales de la nueva economía digital, a los escritores sobre todo, por lo menos para que entiendan las bases económicas de los cambios que se están generando y decidan qué modelo quieren. El problema es que hoy los escritores siguen aferrados a la idea de que son más importantes si publican con Alfaguara o con Anagrama o Planeta. Hay escritores, incluso, que pagarían porque los publicaran en esas editoriales. Hay una inversión del sentido de todo esto. Hoy cualquier mercadólogo te machaca hasta la saciedad con aquello de que “la marca eres tú” y que “el contenido es rey”, pero la mayoría de los escritores sigue tras la zanahoria de los sellos editoriales y sus premios literarios, la lotería, el éxito rápido y el reconocimiento de sus jefes, otra vez, las casas editoriales.
Si comparamos el funcionamiento del mercado literario en los países de habla inglesa, ¿escribir en español se convierte en una desventaja?
Es y ha sido siempre una desventaja. Cultural. En todo México, ya se ha dicho muchas veces, hay menos librerías que en Barcelona. Probablemente esto haya cambiado un poco, porque ahora Gandhi tiene una sucursal en casi todas las ciudades grandes del país, pero eso es todo, un único espacio de exhibición para los mismos autores. México es un caso extremo, por supuesto, un centenar de millones de analfabetos funcionales. Puedes subirte a un metro atestado de gente y ver a dos personas leyendo: uno, el libro vaquero; el otro, la Biblia. En Cancún, aparte de la recién estrenada Ghandi, hay una librería de intercambio, Needful Things, que crearon, visitan y surten los turistas que llegaron para quedarse y ahora viven en la Riviera Maya, es una buena librería, el único problema que tiene es que no hay libros en español, hay muchos y buenos libros en alemán, francés e inglés, eso sí. Y muy pocos nativos la visitan.